En nuestro país, desde hace algunos años, la sociedad ha presentado cambios enormes, donde el silencio ya no es parte de nuestra acción diaria, donde la sociedad no acepta las imposiciones y donde a veces ha sido tan radical el cambio, que ésta – en muchas ocasiones – es la que termina imponiendo sin posibilidad de diálogo.

Cuando la voz y los vítores se esfumanEn nuestro país existe la mentalidad de la voz en alto, de las conglomeraciones sociales masivas, donde creemos que con gritos y consignas hemos de cambiar una sociedad por completo, donde en muchas ocasiones, estos movimientos -tan necesarios- pero a veces tan mal manejados, terminan siendo una autoridad no validada, pero con un poder pocas veces visto.

En este país, donde los movimiento que aglutinan personas de diversos mundos, con una voz punzante, somos capaces de provocar giros maravillosos, cuando se entiende que la causa es justa, que se habla y se clama por una justicia aterrizada, hacer bien al ecosistema del país, respetar la flora y la fauna y hacer que el Presidente Sebastián Piñera, deje de lado los conductos burocráticos regulares, para impedir un proyecto que venía con fuertes posibilidades de daños ambientales.

En esta nación, donde la voz en alto ha llevado a cuestionar proyectos de emblemática resistencia social como Hidroaysén, donde decimos no a la inundación de espacios vírgenes, y acusamos que por qué nuestro país no invierte más en energía renovable. Ahí hago un alcance porque las hidroeléctricas si son energías renovables.

Cuando vemos un Presidente que promete a nuestro país una matriz energética en 2020 con 20% de energía limpia, cuando Chile con su nivel de emisiones hoy por hoy aunque tuviera 6 plantas a carbón, no llegaría a su cota final. En este país, donde todo lo exageramos al mil, donde nos hemos vuelto seres sabios de la noche a la mañana, donde somos capaces de discriminar que sólo algunos deben dirigir los intereses de una sociedad, en ese país donde nos hemos acostumbrado a exigir los derechos pero nos hemos olvidado de los deberes, en este país, hago la siguiente pregunta:

¿Cuántos de los chilenos estamos dispuestos a pagar más por tener energía más limpia?

Para ello quiero mencionar algunos ejemplos que nos sirvan de guía, y nos demuestren que mucho hablamos pero poco hacemos. Siempre hemos escuchado que el modelo alemán de energías es maravilloso. Sí, es cierto, pero Alemania cuenta con un 50% de su matriz energética a carbón y el otro 50% energías limpias. Ok, todos dirán: “perfecto”, el 50% de energías limpias es el segmento primero a la hora de operar en el sistema central, así es, pero ¿por qué eso se puede hacer en Alemania?, se puede hacer porque se ha creado una sociedad con conciencia, porque se educa en materias de sustentabilidad, porque se crea conciencia social y sobre todo porque la sociedad está dispuesta a hacer un esfuerzo, sacrificar algunos dineros, para pagar esa energía que es más cara, porque entienden que en el futuro será un beneficio y, por ende, lo suyo, una inversión por las futuras generaciones.

¿Usted cree que en Chile la sociedad estaría dispuesta a cancelar más para tener energías limpias, o está tan seguro como yo, que sería una nueva arista de solicitud y más bien exigencia de pago por parte del Estado?

Definitivamente, acá estamos hablando de una sociedad, que reitero, se ha acostumbrado a pedir, alzar la voz, gritar y hasta auto designarse representantes de la mayoría, pero que demuestra que con alzar la voz no se generan cambios. Para que esto suceda, debemos ser una sociedad que sepa pedir y que sepa dar, que sepa de derechos como también de deberes, porque de otra forma seguiremos emitiendo palabras al viento, populistas, para encontrar la venia de alguien o de un grupo y quedarnos en un constante letargo de palabras al viento.

Steve Weitzman
Coordinador Nacional Pacto Global Naciones Unidas
Universidad Andrés Bello

27 Ene , 2011 0 Comments Columnas, Medio Ambiente