Secretaria EjecutivaHasta el año 2007, muy pocos conocían en detalle al denominado “Club de los países ricos”. Chile estaba en la mira de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) por su comportamiento financiero y su estabilidad económica. Los esfuerzos por consolidar nuestra economía de mercado y elevar los estándares para la creación de políticas públicas, permitieron una reducción en el impacto de la crisis financiera que, entre fines de 2008 y 2009, colapsó la economía global. Chile logró salir airoso en este escenario complejo y esto lo entendió la OCDE como elemento clave para comprobar que el país marcaba una línea clara de avance, por la senda del progreso y el desarrollo.

Fue así como, en 2010 Chile selló su adhesión a la OCDE, transformándose en el trigésimo primer país miembro de la organización (segundo a nivel latinoamericano, después de México), lo que evidenció un “reconocimiento” por parte de este selecto grupo de países, que entre sus filas reúne a diversas potencias mundiales, y al que Chile logró ingresar, antes que otras economías en ascenso como las de Brasil, China, India, Indonesia y Sudáfrica.

Formar parte de la OCDE significa tener que responder a las directrices de la entidad, y en este punto el camino es cuesta arriba para un país como el nuestro. De acuerdo a los indicadores sociales de la organización, Chile es la nación con mayor desigualdad de ingresos dentro de los 34 países que la conforman.

Por otra parte, mientras nos ponemos como meta alcanzar los estándares fijados por la organización, no se puede dejar de constatar, según un estudio realizado por Gallup en más de 140 países en el mundo, que el 38% de los chilenos reconoce que es difícil vivir de su actual remuneración, cifra que entre las naciones del grupo no sobrepasa el 24%, lo que sin duda, es muy preocupante.

Respecto a la pobreza en nuestro país, según los informes de la OCDE, ésta alcanza un 18,9%, situándonos muy por encima de la media de los países que integran el organismo, que sólo llega a 11,1%, ocupando el tercer puesto de mayor pobreza, en el grupo, después de México e Israel. Y cuando se analiza el empleo, sólo el 56,1% de la población adulta de Chile tiene un trabajo remunerado, porcentaje menor si lo comparamos con el 66,1% que promedian los países suscritos a la OCDE.

Todo esto indica que efectivamente, es largo el camino que deberemos recorrer para alcanzar el nivel aspirado.

El estudio también mide la confianza que las personas tienen, con sus connacionales. Según el informe, los chilenos somos los que tenemos la mayor desconfianza con respecto a nuestros pares. Sólo el 13% siente seguridad por sus compatriotas, situación extremadamente distinta a la que se vive en los países nórdicos, donde el 80% confía en los demás. Pareciera estar claro que ante una mayor diferencia en los ingresos, se acrecienta la desconfianza entre las personas y sin embargo, la confianza con las instituciones, crece mientras se percibe que más eficientemente ellas funcionan, lo que está sucediendo en nuestro caso, puesto que este índice es mayor al promedio de los demás países participantes en la organización.

Para avanzar en éstas y otras materias, el informe de Reformas de Políticas Económicas 2011 de la entidad, propone entre otras medidas, algunas que apuestan por la mejora de la productividad, la modernización de reformas laborales, la inclusión femenina en la fuerza de trabajo, además del fortalecimiento de la actividad emprendedora.

Chile está avanzando, pero deberá observar detenidamente los pasos que implican cada una de estas iniciativas. El ingreso a la OCDE significa una gran oportunidad para proponerse metodológicamente un progreso medible en las etapas del proceso que se requiere llevar a cabo para alcanzar el tan anhelado desarrollo. Al adherir, Chile se comprometió con el cumplimiento de las “voluntariedades” suscritas a través de las directrices de la OCDE, y si se logra, nos habremos transformado en uno de los primeros países desarrollados de la región.

El compromiso que las empresas han tomado al adherir al Pacto Global, contribuye en varios aspectos a acelerar este avance, ya que a través de la implementación en las empresas y organizaciones, de los diez principios que promueve la iniciativa, se está trabajando en la misma dirección y en coherencia con el mundo desarrollado.


Margarita Ducci
Secretaria Ejecutiva
Red Pacto Global Chile
Universidad Andrés Bello