Rodrigo DíazA fines de lo años noventa comenzaron a surgir las primeras iniciativas que fomentaban los comportamientos respetuosos con la sociedad y el medio ambiente. Desde ese entonces, el concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ha surgido con mucha fuerza, instalándose en la comunidad y en el corazón de las organizaciones.

Según la Comisión Europea, la RSE es la integración voluntaria de las organizaciones por las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con sus interlocutores. En palabras simples: hacer más de lo que la normativa establece para las empresas.

Muchas veces se confunde el ejercicio de la RSE con la filantropía. Sin embargo, es importante distinguir que la primera se relaciona con la estrategia de la organización en el marco de un programa de RSE. En cambio, la filantropía es más bien espontánea, no planeada y anónima.

En este contexto, la RSE llegó para quedarse en nuestro país. Pasó de ser una simple moda a una herramienta de gestión capaz de formar parte de la visión de negocios de las empresas.

Esto se debe a la amplia gama de beneficios que trae la implementación de una política de RSE: aumento de la productividad y rentabilidad, fidelización de sus clientes y colaboradores y cambio a una positiva imagen corporativa. Todo esto agrega un importante valor a la empresa: lograr ser querida por la comunidad donde está inserta.

Hace 10 años nadie pensó el boom en que se convertiría la RSE en las organizaciones. Sin duda, el crecimiento ha sido vertiginoso lo que nos instala en un nuevo escenario empresarial y el que no sea capaz de adaptarse simplemente desaparecerá.

Rodrigo Díaz
Gerente de Relación con la Comunidad y RSE – Essbio
Miembro del Consejo Regional Bío – Bío de Pacto Global (ONU)