Hace algunas semanas participé en un encuentro con cerca de 150 jóvenes, de diversas carreras, futuros profesionales, que en la exposición demostraban con sus palabras, un claro descontento con los hechos que estaban aconteciendo en el país. Lo que más se oía, eran fuertes críticas al modelo educacional pero también grandes críticas a las empresas privadas, sobre todo a aquellas empresas que en el último tiempo se han visto envueltas en fuertes casos de colusión, corrupción y violación de códigos éticos.

Dado este escenario, el cual no sólo representa a esos 150 jóvenes, sino que a una gran mayoría de nuestro país, les comencé a formular preguntas que iban dirigidas a entender el descontento y luego saber, qué hacían ellos aparte de reclamar, gritar, emitir juicios y otras tantas expresiones, a veces no tan ortodoxas.

Para desarrollar este espacio consultivo y así poder entender lo que ocurre en nuestro país, tomé algunos datos estadísticos que me parecían interesantes. Todo con el fin de saber qué tanto estamos dispuestos los chilenos a generar acciones concretas en post de generar un cambio real.

En ese proceso me encontré con que- según los últimos estudios de IPSOS-MARI el 16% de los chilenos ha castigado alguna marca- que haya actuado en forma poco responsable y según nos cuenta la Fundación Ciudadano Responsable, el 63% de los chilenos jamás ha adoptado prácticas de consumo responsable.

Teniendo estas cifras, las cuales me parecían preocupantes de parte de nuestra sociedad y que deja en evidencia nuestra fuerte carencia de no actuar sino que más bien exigir. Tomé la decisión de preguntar dos cosas muy puntuales; la primera fue:

¿Cuántos de ustedes estuvieron contra la colusión de las farmacias?

En esta interrogante, la respuesta fue evidente, el 100% de los participantes, se expresaron en contra de esta acción, lo cual respaldaba en forma clara, que los chilenos de por sí- cuando vemos injusticias o nos parecen mal ciertas acciones- no lo dejamos pasar y salimos a despotricar y reclamar y hacer sentir nuestra rabia e impotencia. Dado esto quise hacer la segunda pregunta:

Bueno ustedes, ¿qué hacen por demostrar su descontento, dejan de preferir esos productos o siguen comprando donde mismo?

Dicho esto me encontré con la otra parte clásica de nuestra sociedad y que está avalada por los estudios, acá sólo un 9% levantó la mano diciendo yo he castigado y nunca más preferí esa marca. El otro 91% se justificó en que hay monopolio, que quedan las otras muy lejos, que cómo iré con mis bolsas al súper, qué dirán, etc. Y he aquí donde-lamentablemente- logré comprobar que nuestro problema se genera en la base. Se genera en un asistencialismo ilógico, se sustenta en tantas personas que han visto en el regalo una forma de tapar heridas, con acciones corto placitas, es como el parche curita para que la herida no se vea, es creer que la sociedad no se puede valer por sí misma y ha llevado a esos ciudadanos a vivir en un letargo constante, y los que despiertan lo hacen sólo para gritar, porque al momento de actuar esperamos que el resto lo haga por nosotros.

Me quedo con una frase de un dirigente de Dichato “pidió su anonimato”, que el hombre pese a todo el sufrimiento, la desesperación, el hambre y el miedo, se paró junto a muchos dichatinos, se secaron las lágrimas y dijeron “no queremos que nos den una caja de comida, queremos que nos den herramientas para volver a comer”, ojalá la mayoría de los ciudadanos, en nuestro país, dijeran lo mismo. Uno es por sus acciones, no por sus dichos.

 

Steve Weitzman

Coordinador Nacional K

Red Pacto Global Chile