El tiempo que vivimos nos vuelve a recordar la fragilidad que poseen algunas personas para desempeñar su actividad profesional con un verdadero sentido solidario. Cada tanto nos sorprende una nueva demostración de corrupción empresarial donde la confianza pública es vulnerada.

Al comienzo del milenio las vergonzosas acciones cometidas por altos ejecutivos de la empresa ENRON, entre otras, ocasionaron un daño moral y material de proporciones a miles de personas. El “ingenio” contable y los mercados desregulados tuvieron efectos legales, políticos y sociales importantes. A pocos años de este notable escándalo empresarial, nuevamente la crisis económica afectó gravemente la economía de los países. El manejo negligente de los activos inmobiliarios realizado por “admirables” agentes financieros dio origen a la denominada crisis de la hipotecas subprime.

Igualmente, este año, nuestro país hace su aporte al listado empresas que provocan daño y desconfianza en la comunidad: es el caso La Polar. En este maremágnum, los distintos especialistas nos indicaron que esto ocurrió por una inadecuada fiscalización de la autoridad, la necesidad de transparentar las operaciones financieras y otras tantas razones de orden técnico o procedimental. Sin embargo, observamos la ausencia de un elemento imprescindible para dar sentido a la economía y a la sociedad al no abordar los problemas en conformidad al bien del hombre. Es decir, un comportamiento ético del hombre que sea sensible con su dimensión humana y social. Son estas las preocupaciones que impulsan distintas iniciativas para destacar la Responsabilidad Social en un tipo de organización como es la empresa.

En este contexto, algunas empresas de la Región del Bío Bío, se ha unido ante tal preocupación y promueven los valores fundamentales -en derechos humanos, relaciones laborales, medio ambiente y lucha contra la corrupción- del Pacto Global de la Organización de Naciones Unidas, a través del Pacto Global-Chile.

Manuel Vicuña.
Coordinador Pacto Global VIII Región – UNAB