La industria del vino está siendo considerada como una de las más avanzadas en cuanto a desarrollos de políticas de sustentabilidad en Chile se trata. O, al menos, de las que más han mostrado esta parte de su trabajo, pues los atributos que el manejo sustentable le entrega a sus productos les han generado oportunidades clave: en negocios y en adaptación al cambio climático.

Según un reportaje de Hub Sustentabilidad, ahora y tras un trabajo que pasó desde la transformación de cultivos convencionales a otros orgánicos y más tarde, a la medición de huella de carbono, este sector está concentrado en seguir avanzando y hoy potencian el Código Nacional de Sustentabilidad, la primera certificación exclusiva de la industria vitivinícola.

Aunque el proceso comenzó a inicios de la década de 2000, hubo un hito que puso el pie en el acelerador para este sector. En 2007 la viña Concha y Toro se sumó a la iniciativa “carbon rating” que la cadena británica de supermercados Tesco, para medir la huella de carbono de sus proveedores y reducir la propia. Y Gran Bretaña era el principal mercado para la exportación de vinos chilenos entonces y Tesco vendía un tercio de esa importación.
La periodista Ximena Olmos lo consigna en su tesis para optar al grado de Magister Estrategia Internacional y Política Comercial de la U. de Chile, en 2012. Ahí documenta cómo este sector productivo ha hecho su transformación hasta convertirse en uno de los que lleva la vanguardia en sustentabilidad en Chile.

Andrea Zwanzger, Jefe de Desarrollo Sustentable de Grupo San Pedro Tarapacá, cree que esta industria “se ha esforzado en desarrollar este tema con fuerza, probablemente por ser una industria que depende de la madre naturaleza, por otro lado, en materia de exportaciones, estamos sujetos a estándares que son requisitos de entrada en varios de los mercados donde nuestros vinos están presentes. Como consecuencia la industria se ha tenido que organizar y auto-regular bajo un Código que exige prácticas sustentables tanto en los campos, como las bodegas y en relación a las comunidades”.

“El Código es una iniciativa pionera dentro de la industria agroalimentaria, la cual comenzó a implementarse en 2010 y está orientada a incorporar prácticas sustentables sobre la base de requisitos en tres áreas complementarias: verde (viñedos), roja (bodegas y plantas de embotellado) y naranja (social)”, agrega Belén Ruz, coordinadora del programa de sustentabilidad de Vinos de Chile.

El proceso de certificación se ha desarrollado en etapas. La primera en el área verde, con las prácticas relacionadas al manejo del viñedo (uso de agua, nutrición, uso de fitosanitarios, erosión, manejo de plagas y enfermedades, entre otras). Durante ese proceso, que terminó en diciembre de 2012, se certificaron 29 viñas. “A partir del 2 de enero de 2013 se abrió el proceso para certificarse por primera vez en las tres áreas (verde, roja y naranja) de manera indivisible, por tanto las viñas deberán demostrar su gestión sustentable de manera transversal: en el viñedo, bodega y responsabilidad social. Hasta el momento se han certificado 11 viñas en las tres áreas, lo que suma un total de 40 viñas certificadas en el Código de Sustentabilidad” sigue Belén Ruz.

Una de las piedras de tope históricas para la implementación de medidas de control de impactos, es el costo. “Para algunos productores, las inversiones necesarias pueden tener un grado mayor de dificultad, pero la experiencia actual nos indica que es en el plano de la gestión donde se encuentran los principales desafíos. Todavía es un poco prematuro encontrar relaciones con los resultados financieros, pero lo que está claro, es que la sustentabilidad está relacionada directamente con la competitividad”, sigue Belén.

En el caso de la Viña San Pedro, las inversiones “han sido enfocadas a lograr una operación más sustentable que nos permita mantenernos en el largo plazo. Hemos hecho grandes esfuerzos en términos de mejorar todos nuestros indicadores medioambientales, como lo es la eficiencia energética en nuestras bodegas, mejorar la logística de transporte, racionalizar nuestro consumo de agua, disminuir nuestra huella de carbono y fomentar una filosofía corporativa que incluya a todos los colaboradores”, explica Andrea Zwanzger, sin detallar si la relación costo beneficio es eficiente o todavía no.

Pero su balance es “sumamente positivo”. “Estamos liderando en la industria con dos importantes certificaciones en estos términos, la certificación del Código Nacional de Sustentabilidad, en sus tres áreas (Verde, Roja y Naranja), como también fuimos auditados bajo un código de ética laboral llamado Código de BSCI (Business Social Compliance Initiative) obteniendo el 100% de conformidad en los diez principios del Código de Conducta para nuestras instalaciones”.

Es la segunda viña que opta al BSCI después de ConoSur y la tendencia general, una vez que ya se internalizaron políticas como la medición de la huella de carbono, tal como lo explican ambas, estará con foco en lo social.

“Existen diferentes instancias internacionales trabajando el tema de la sustentabilidad en la industria del vino y esto se debe estar mirando con atención (ejemplo, OIV). A ello se suman las exigencias transversales en materia de eficiencia energética, uso de los recursos naturales (huella del agua) y requisitos en el plano social. Estos últimos están tomando gran importancia en mercados importantes para el vino chileno, como es el caso de los países nórdicos”, dice Belén.

“Las nuevas regulaciones en Chile y el mundo, tendrán cada vez más cuidado en las condiciones laborales que tienen las empresas para sus empleados y subcontratados, de manera de certificar tratos éticos (en todo sentido), y condiciones laborales seguras para todos los empleados”, termina Andrea Zwanzger.

15 May , 2013 0 Comments Destacadas, Noticias, Temas de interés