Seguro que desde hace años todos hemos oído hablar de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (OMD) establecidos por Naciones Unidas, en una suerte de marco de referencia para afrontar los principales retos de la sociedad, con unas metas iniciales a 2015. En este momento, con el fin de 2014 cada vez más cerca, cabe reflexionar sobre el éxito de la iniciativa, el papel de los diferentes agentes involucrados y los nuevos desafíos que se vienen.

Fue en septiembre de 2000, cuando los países miembros de Naciones Unidas plantearon en la Declaración del Milenio su compromiso con 8 objetivos, que incluían desafíos en materia social, ambiental y económica. Para su seguimiento, se establecieron más de 60 indicadores, que han permitido seguir el progreso alcanzado. En el último informe al respecto, emitido este año, se reconoce el cumplimiento de varios de los objetivos establecidos, así como importantes avances en la mayoría de los restantes. Cabe destacar el logro de haber reducido a la mitad ya en 2010 la pobreza, medida como la población que vive con menos de 1,25 USD al día, y el porcentaje de personas sin acceso a agua potable. Todo ello ha sido posible gracias al esfuerzo conjunto de gobiernos, sociedad civil y el sector privado.

Profundizando en el papel de las empresas respecto a los OMD, lo primero que uno se pregunta es, ¿no se trata de una responsabilidad de los gobiernos? ¿por qué el sector privado debe contribuir a su consecución?. Propongo que nos remontemos a los planteamientos de valor compartido expuestos por Porter y Kramer en 2011 y hallaremos la clave, que huye de todo enfoque filantrópico.  Como bien señalaron los autores “ninguna empresa puede ser exitosa si la comunidad donde opera no lo es”, o dicho de otro modo “la competitividad de una empresa y la salud de las comunidades donde opera están fuertemente entrelazadas”. Se trata de un escenario circular, en el que la falta de desarrollo de las sociedades dificulta el progreso de los mercados, y por tanto la inversión de las empresas, que se traduciría en creación de empleo y mayor bienestar.

El sector privado viene por tanto contribuyendo al avance en el cumplimiento de los OMD, con diferente perspectiva en función de cómo se vayan integrando dichos aspectos en la estrategia empresarial, partiendo por el enfoque de acción social. Esta evolución es análoga a la existente con el conjunto de aspectos socioambientales relacionados con el desempeño organizacional, bajo la meta de la sustentabilidad, para la que es necesaria la integración de los mismos en la estrategia de negocios, desde el punto de vista de la gestión de riesgos.

Con el 2015 a las puertas, por un lado se intensifican los esfuerzos para cumplir las metas establecidas, y por el otro comienzan a diseñarse las líneas de trabajo para el siguiente período (hasta 2030). En este sentido el debate está abierto, con aportes de la sociedad civil a través de iniciativas como la campaña “Beyond 2015”, que reúne a más de 1.000 organizaciones en el planteamiento de ideas comunes. Por otra parte los representantes de los Estados miembros de Naciones Unidas se han reunido este mes para reflexionar sobre el programa post 2015, dentro de una agenda que llevará a la aprobación de los nuevos objetivos en la cumbre de septiembre del próximo año.

Pablo del Arco Fernández

Consultor Senior de Sustentabilidad y Cambio Climático

PwC Chile

23 Sep , 2014 0 Comments Noticias, Vitrina de Opinión