Columna publicada originalmente en Sustentare

La elaboración de reportes de sustentabilidad en las empresas forma parte de una tendencia creciente por transparentar el desempeño y construir una relación más estrecha con los grupos de interés. Asimismo está vinculada a la inclusión de aspectos no financieros en la gestión de riesgos, tanto ambientales, como sociales y de gobierno corporativo.

Cuando al interior de una organización se plantea la elaboración del reporte de sustentabilidad, inmediatamente surgen dos preguntas: ¿en qué me beneficia? y ¿cómo puedo convencer al jefe? Ante el primer interrogante cabe destacar el rol del reporte como impulsor del cambio, al detectar oportunidades de mejora, potenciar la sensibilización interna y constituirse como herramienta gestión del desempeño.

Respecto a la segunda pregunta, a nuestro CEO es necesario plantear primero la relevancia de incluir la sustentabilidad en la gestión de riesgos y el alineamiento de la estrategia corporativa, dando paso después a la importancia de comunicar los avances. En un reciente estudio de PwC global (2014), con más de 1.000 CEOs encuestados, el 74% señalaron que la medición y reporte de los impactos no financieros contribuye al éxito de la compañía a largo plazo. Cabe indicar que el estándar de reportabilidad de Global Reporting Initiative constituye el referente regional, y  Chile lidera su aplicación, con una tendencia creciente que alcanza el 94% para los reportes 2012, frente al 87% en el caso 2011 (PwC Chile, 2013).

En mayo de 2013 se lanzó la nueva versión G4 del estándar GRI, que supone un paso adelante al potenciar que las organizaciones se concentren en reportar aquellos temas vinculados a sus impactos relevantes, denominados aspectos materiales, incluyendo los que se produzcan fuera de sus límites. Se abre por tanto la puerta a la responsabilidad indirecta en la cadena de valor, es decir, aguas arriba y abajo de las actividades de quién reporta, por ejemplo los proveedores y distribuidores respectivamente.

Estos cambios se producen en un contexto de creciente demanda de los grupos de interés para que las organizaciones se hagan cargo de sus impactos y sean transparentes y prolijos en la entrega de información. Accidentes como la caída del Rana Plaza en Bangladesh en abril de 2013 por incumplimientos en la seguridad, con  severos impactos reputacionales en las firmas occidentales que allí se proveían, demuestran que la sustentabilidad debe ser considerada por las organizaciones como parte de su gestión estratégica y de riesgos.

La llegada de GRI G4 no supone en Chile un salto al vacío, ya que algunas organizaciones venían trabajando en los principales aspectos incorporados. En concreto, para los reportes de sustentabilidad 2011, el 23% explicitó el proceso completo de determinación de los aspectos materiales y luego entregó efectivamente  información de desempeño relacionada (PwC Chile, 2013).

Encontrándonos ya a mediados de año, con la perspectiva de los primeros reportes que podían ser G4 y que corresponden al desempeño 2013, nos encontramos que un 25% han adoptado la nueva metodología. Ello hace pensar en que contaremos con una buena hornada que dinamice la materialidad en la reportabilidad de la información no financiera.

Queda por ver si las organizaciones que publiquen por primera vez apuestan también por G4, debido a que la mayor complejidad de sus procesos. A nivel internacional, y en base a los reportes registrados por GRI, en Latinoamérica y el Caribe el 46% de los reportes 2013 hasta la fecha corresponden a G4, por lo que a mitad de año ya podemos afirmar que G4 pisa fuerte.

Más que con el estándar, quedémonos con la relevancia que supone que las organizaciones se hagan cargo de sus impactos, incluyendo aquellos que producen en su cadena de valor. ¡El cambio está en marcha!

Pablo del Arco Fernández

Consultor senior de Sustentabilidad y Cambio Climático de PwC Chile

Columna publicada originalmente en Sustentare