Diferentes estudios han confirmado que la contaminación acústica y lumínica también está afectando la biodiversidad del planeta. Fue así como una investigación en 183 especies de aves reveló que la mayoría experimenta problemas relacionados con sus hábitos de alimentación, comunicación y apareamiento

Debido a la contaminación acústica y la lumínica, las aves están entre las más afectadas, según señaló un informe publicado en Global Change Biology.

“Hemos estudiado una variedad de respuestas ecológicas, que van desde cambios en la distribución de las especies, pasando por alteraciones en el comportamiento, hasta trastornos a nivel de la comunidad ecológica, como los que se pueden producir en la relación presa-depredador”, comentó Clinton Francis, biólogo y profesor asistente del California Polytechnic State University (Calpoly), y autor de la publicación.

La investigación involucró a 308 poblaciones de 183 especies de aves de 14 localizaciones de Norteamérica, Europa y el Caribe en los últimos 10 años. Se analizó desde bosques hasta orillas de caminos y áreas urbanas. En el norte del estado de Nuevo México, por ejemplo, midieron el impacto sonoro de las máquinas que se emplean para la extracción del gas natural.

Según el biólogo, el impacto en todas estas áreas es severo ya que la contaminación acústica espanta a la mayoría de las especies y produce una declinación de sus poblaciones.

Algunas especies son muy sensibles al ruido porque causa una disrupción en sus comunicaciones, especialmente las que tienen vocalizaciones de baja frecuencia. En al menos dos especies, como la reinita hornera ( Seiurus aurocapillus ) y el escribano palustre ( Emberiza choeniclus ) el ruido complica su canto para atraer a la pareja.

La contaminación acústica también interfiere con el éxito en la caza del zorzal petirrojo ( Turdus migratorius ) y de la urraca australiana ( Cracticus tibicen ). Ambas aves deben concentrarse para localizar el sonido de sus presas (insectos o pequeños mamíferos) y poder capturarlas.

Parques Nacionales

Kurt Fristrup, científico del servicio de parques nacionales, cuenta que han desplegado sonómetros en distintas unidades durante los últimos 10 años para determinar como el ruido afecta a especies como los roedores, murciélagos y búhos, cuyos oídos son más sensibles que los de los seres humanos.

Además descubrieron que en algunas regiones, como el parque Yellowstone o el de las Grandes Dunas de Arena, los niveles de contaminación acústica son tan bajas (menos de 20 decibeles) que equivalen a los niveles de ruido anteriores a la colonización.

Dave Dominioni, de la Universidad de Glasgow, contó que algunos petirrojos europeos cantan en la noche porque la iluminación artificial es tan potente que les hace creer que están de día. “Las luces de las calles en particular son disruptivas en su reloj biológico”, sostiene.

Dominioni ha realizado una serie de estudios de campo y laboratorio que han confirmado estas sospechas. “Cuanto más luminosas son algunas áreas, más activas son estas aves durante la noche”, dijo. Eso sí, han descubierto que algunas aves que habitan áreas muy iluminadas tienden a evitarlas y buscar lugares más oscuros.

En Chile

En la Conaf precisan que en sus unidades no se ha hecho ningún estudio al respecto y que hoy la mayor inquietud se relaciona con la proliferación de especies invasoras.

Eso sí, entre los especialistas se reconoce que aves como el gorrión no son tan frecuentes en áreas urbanas como hace treinta años, pero no hay ningún estudio todavía que lo atribuya a un fenómeno como el ruido ambiental.

 

18 Feb , 2015 0 Comments Destacadas, Noticias, Temas de interés