La escritura es un aspecto fundamental que ha marcado la existencia humana. Aprendemos a escribir y escribimos para aprender. Sin embargo, pareciera que cada vez le damos menos importancia y además traspasamos el cuestionamiento a las nuevas tecnologías como las responsables que a nuestros niños les cuesta escribir.

Los resultados del último Simce de escritura presentado hace algunos días, pusieron en evidencia una realidad alarmante. Sólo el 12% de los más de 5 mil estudiantes que rindieron el test obtuvieron el nivel más avanzado, arrojando preocupantes debilidades en el desarrollo de las ideas y en el uso de la puntuación. Por otra parte los resultados arrojados en el estudio “Caracterización de Problemas Ortográficos Recurrentes en Alumnos de Cuarto Básico”, de 269 escritos disponibles de la prueba SIMCE 2008, que consideraban tres tipos de textos: carta, cuento y noticia y donde los alumnos escribieron un promedio de 66 palabras, más del 90% estaban escritas correctamente.

La experiencia educativa y la reciente publicación “Rúbricas y otras herramientas para trabajar la escritura en el aula” (Fundación Educacional Arauco y CIAE – Universidad de Chile), nos muestran que la evaluación del desempeño de los alumnos puede llegar a ser una poderosa herramienta de los docentes para promover el aprendizaje de sus alumnos al entregarle información respecto a cómo lo están haciendo y qué deben mejorar. No se trata de hablarles de la nota obtenida, sino que de un proceso de evaluación formativa que tenga como base la retroalimentación entre estudiante y profesor y entre alumnos.

Sabemos que la escritura no se aprende de una vez y para siempre, sino que se desarrolla durante toda la vida. Por eso es fundamental para los docentes mantener las instancias de escritura diaria y cautivar a sus alumnos con el arte de escribir a través de instancias grupales e individuales y con sentido.

Creemos firmemente que es en el aula donde se puede provocar el cambio y darle la real importancia que tiene la escritura para la vida de las personas. Es en este espacio de encuentro entre el docente y sus alumnos en donde se puede aprender a planificar, revisar y editar lo que se está escribiendo. La memoria de trabajo de los niños en la edad escolar es limitada, por lo que es necesario ayudarlos lo más posible en concentrar sus recursos en este proceso y, ojalá, ofrecer información adicional a los estudiantes mientras escriben. Por ejemplo, un cartel con las normas ortográficas, ayuda memoria con conectores, un esquema con la estructura de lo que van a escribir, etc.

Si logramos mejorar instalar la forma de trabajo con rúbricas propuesta, es muy probable que el aprendizaje de nuestros niños mejore. La escritura es una base fundamental para la educación, para la vida y el trabajo.

Entendiendo eso, no parecería extraño entonces aumentar, en un futuro cercano, las horas de práctica semanales, la producción de textos con sentido y en definitiva darle el protagonismo que la escritura requiere en la educación de nuestros niños y jóvenes.

Ana María Domínguez – Fundación Educacional Arauco
Carmen Sotomayor – CIAE

08 Sep , 2015 0 Comments Vitrina de Opinión