El título de este artículo se corresponde con el de un Seminario Internacional que acabamos de celebrar en Santiago, título que comprende dos de las mayores preocupaciones educativas ampliamente compartidas en América Latina: la urgente mejora de la educación y la contribución que puede aportar a ello la tecnología.

La cobertura educativa ha alcanzado en nuestra región niveles cercanos a la plena escolarización en la educación primaria y básica y la permanencia en la escuela de nuestros niños y niñas, aun con grandes diferencias entre países, se incrementa progresivamente. Son datos cuantitativos que, junto con la grave y crónica inequidad que nos caracteriza, han incrementado en el conjunto de la sociedad, y en los políticos que les representan, una creciente preocupación ante sistemas educativos que evidencian baja calidad e incapacidad para compensar desigualdades.

No nos enredemos en disquisiciones técnicas o políticas. Las evaluaciones internacionales como PISA demuestran que los resultados de nuestros jóvenes estudiantes se encuentran entre los quince más bajos del mundo, TERCE de UNESCO coincide en escasos aprendizajes y lentos progresos, tenemos un abandono escolar promedio del 40% y, entre otros datos desalentadores, el rendimiento en matemáticas de nuestros alumnos es un 20 % inferior al promedio de los demás países. Esta situación no es solo un problema educativo, tiene efectos muy negativos sobre nuestro desarrollo y bienestar. El bajo nivel educativo frena el crecimiento de nuestras economías, puesto que las competencias, en palabras de la OCDE, son la divisa global del siglo XXI: mejores competencias aseguran más y mejores empleos y más oportunidades para todos.

Durante los últimos años se han producido avances, entre ellos los cuantitativos ya citados, en buena medida gracias al protagonismo político y social que ha logrado la educación. Buen ejemplo de ello ha sido el incremento de la inversión pública en este rubro que, por primera vez en la historia, supera el promedio mundial. Pero la cuestión no es solo invertir más, sino como afirmó la CEPAL, hacerlo mejor. Los países que cuentan con sistemas educativos más exitosos son los que han invertido más en cuestiones claves, como: atraer a los mejores a la función docente, mejorar su formación inicial y continua, sobre todo en el centro educativo, y apoyarles con procesos de evaluación y seguimiento.

Otra cuestión decisiva ha sido fortalecer el liderazgo escolar, una estrategia que de manera incomprensible fue irrelevante en muchas de las reformas educativas llevadas a cabo durante los últimos años. Hoy, la experiencia de los países líderes en educación y estudios como los realizados por UNESCO y OCDE, demuestran que solo con directores capacitados, competentes y apoyados en su función de liderazgo, contaremos con escuelas eficaces.

Como tercera prioridad apostamos por políticas compensatorias: sin ellas los que más tienen serán siempre los que más reciban, los que menos ingresos tienen seguirán ofreciendo peores oportunidades educativas a sus hijos quienes, a su vez, reproducirán el círculo de la pobreza y los riesgos de exclusión. No es una mera cuestión de sensibilidad social, es una cuestión decisiva para contar con un proyecto de país y de región cohesionada, desarrollada y competitiva a nivel global. Los mejores sistemas educativos del mundo son los de los países más desarrollados, competitivos y cohesionados y todos ellos, sin excepción, invierten más en los alumnos más desfavorecidos.

Aparte de insolventes utopías tecnocráticas o políticas de dudoso valor, el uso de la tecnología abre grandes posibilidades de mejora educativa, siempre y cuando produzca cambios efectivos de tipo pedagógico y metodológico y no se limite a un suministro masivo de equipos.

Si nos referimos a las tres factores claves para la mejora educativa que hemos analizado, hoy está demostrado que un profesorado con formación suficiente y, más aun, apoyo continuado por ser la tecnología un recurso en permanente e innovador cambio, mejora su práctica educativa y el rendimiento de sus alumnos gracias a las posibilidades de personalización, interacción y conversión de la información en conocimiento que estos recursos aportan, más aún si cuenta con contenidos digitales de calidad.

Para los líderes, directivos y gestores, las ventajas para la mejor gobernanza de colegios y sistemas educativos son notables, muy especialmente por las posibilidades de transparencia, rendición de cuentas y de relaciones con las comunidades que ofrecen.

Y las posibilidades de acción compensatoria con los alumnos más desfavorecidos son casi ilimitadas: de acuerdo con la expresión del reconocido experto, F. Pedró, abren una enorme ventana de oportunidades haciendo ubicuo el aprendizaje, tanto en la escuela como fuera de ella, socializan el acceso a la información, mejoran la participación y hacen que el aprendizaje sea más motivador para aquellos cuyos entornos no favorecen esas actitudes.

Es posible que el momento real del cambio y mejora educativa con el uso de la tecnología esté a punto de llegar y que ocurra cuando los maestros digan a sus alumnos al empezar la clase que activen sus celulares, esos dispositivos que todos por igual manejan con gran destreza, en lugar de ordenarles, como ocurre hasta ahora, ¡apáguenlos!

Mariano Jabonero
Director de Educación, Fundación Santillana