Gran parte de los impactos ambientales y sociales que generamos están asociados a nuestro consumo de productos y servicios, razón por la cual nuestros hábitos de consumo representan una oportunidad importante para enfrentar problemáticas como el cambio climático, la escasez hídrica, el agotamiento de recursos, entre otros. Contrario a lo que se puede pensar, existen varias acciones simples para que las personas se conviertan en consumidores sustentables. “Los recursos son limitados y debemos aprovechar al máximo su vida útil” explica Ulrike Broschek, subgerente de sustentabilidad en Fundación Chile.

Consciente de los impactos que deja un producto a lo largo de su ciclo de vida, un consumidor sustentable es aquel que compra productos y servicios que realmente necesita y lo hace de manera informada. Además, usa sus adquisiciones de forma eficiente y dispone de forma responsable los desechos que genera. A continuación te presentamos algunos tips que te ayudarán a ser un consumidor más responsable:

1. Ojo con la eficiencia
Prefiere productos que usen la energía de manera eficaz. Existen etiquetas sobre el consumo energético de los electrodomésticos para identificar a los más eficientes y tecnologías que contribuyen a un mejor uso y que además conllevan beneficios económicos. Al cambiar una ampolleta tradicional por una eficiente, se pueden ahorrar $17.520 anuales por ampolleta; si se opta por un refrigerador con nivel de eficiencia A, es posible ahorrar $16.200 anuales en comparación con un modelo D, lo cual puede incrementar con un modelo A+ o A++.

2. Sin agroquímicos
Opta por productos que no utilizan agroquímicos como fertilizantes o pesticidas para su producción. Los agroquímicos tienen impactos ambientales importantes como contribuir al cambio climático, contaminar fuentes de agua e influir en la degradación del suelo. Para reducir este impacto, existe una variedad de productos orgánicos entre los cuales podemos elegir, desde frutas y verduras, hasta textiles y cosmética orgánica.

3. Compra Local
Elige productos fabricados localmente, ya que esto permite disminuir la contaminación que se produce en el transporte de los productos. Por ejemplo, la huella de carbono promedio de una botella de vino puede incrementar en 7 por ciento si es traída de un país vecino y hasta en 26 por ciento si es traída de Europa.

4. Y con garantías
Existen muchas certificaciones confiables que identifican a los productos más sustentables. Algunas de las más populares en Chile son Fair Trade, la Certificación Orgánica Nacional, Empresa B, y la ranita de Rainforest Alliance, entre otros.

5. Sin dejar rastro
Otro impacto importante en el día a día de una persona es el transporte. Siempre que puedas prefiere caminar, andar en bicicleta o utilizar transporte público. Movilizarse en auto emite sobre 10 veces más CO2 que andar en bus y 20 veces más que tomar el metro. Aquellos días en que no puedas dejar el auto en la casa, evalúa la posibilidad de compartirlo con otros, por ejemplo tus compañeros de trabajo.

Es importante recordar el impacto de los residuos, en el país cada persona produce 384 kilos de desechos al año, mientras que el promedio de la región es de 230. Específicamente, en Chile se generan cerca de 10 kilos de residuos electrónicos por habitante, quedando muy por encima de los demás países de Latinoamérica. Al mismo tiempo, a nivel nacional se recicla el 10 por ciento de la basura, pese a que varias comunas ofrecen sus propios sistemas de reciclaje y, en paralelo, hay iniciativas privadas que disponen puntos limpios para facilitar el reciclaje.

“Es fundamental generar conciencia sobre la contaminación que generan los productos, desde los servicios de taxi hasta los alimentos, y así evitar hacer compras innecesarias o preferir aquellos productos y servicios que tienen un menor impacto. La tendencia mundial es hacia la economía circular, donde como consumidores evitamos botar los productos a la basura, ya sea reparándolos, tratando de darles un segundo uso, o reciclando. “Los recursos son limitados y debemos aprovechar al máximo su vida útil” explica Ulrike Broschek