El Director de la Escuela de Ingeniería Ambiental de la Facultad de Ecología y Recursos Naturales y miembro del Centro de Investigación para la Sustentabilidad de la Universidad Andrés Bello, Edmundo Muñoz, explicó el contexto internacional respecto a la medición, mitigación y reporte de la huella de carbono.

¿Cómo es la realidad internacional en relación a la medición, mitigación y reporte de la huella de carbono?

A nivel internacional hay alta preocupación por la emisión de gases de efecto invernadero, principalmente en países desarrollados, que por lo general, presentan mayor huella de carbono per cápita, en la medida que mayor es su grado de industrialización. En primera instancia los mecanismos establecidos en el Protocolo de Kioto en 1997, por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, constituyeron un paso importante en la lucha contra el cambio climático. Las principales naciones comprometieron en mantener inventarios actualizados de emisiones de GEI y motivaron estrategias de reducción de dichas emisiones. Además, en el marco de este protocolo países en desarrollo podrían beneficiarse comercializando sus reducciones de emisiones de GEI.

Para el logro de estos objetivos se desarrollaron diversas herramientas para cuantificar y disminuir los GEI por las organizaciones. Una de éstas es la huella de carbono, indicador que cuantifica las emisiones de gases de efecto invernadero liberadas a la atmósfera por actividades humanas, expresándolas en unidades de masa (ton, kg, g) de CO2 equivalente. Este indicador representa la suma de GEI multiplicada por el potencial de calentamiento global (GWP) de cada sustancia. A partir de esto las empresas del mundo comenzaron a elaborar sus huellas de carbono, motivadas por la necesidad de dar a conocer al sus clientes, el potencial impacto de sus operaciones sobre las emisiones de GEI. Por otra parte, los mercados de consumo han incorporado con mayor fuerza criterios ambientales, generando sistemas de etiquetado ecológico u otros mecanismos para declarar explícitamente el efecto de los productos sobre el medio ambiente. De esta manera, se estandarizan dos tipos de huella de carbono, la huella de carbono corporativa y la huella de carbono organizacional.

El término “Huella de Carbono de un Producto” se refiere a las emisiones de GEI a través del ciclo de vida de dicho producto, desde la extracción de las materias primas hasta la disposición final del producto, pasando por la producción, distribución, consumo y reciclaje. Por su parte la “Huella de Carbono Corporativa”, conocida también como Inventario de Emisiones Corporativa, representa una medida de las emisiones de GEI generadas por las actividades de la empresa en un período de tiempo dado. Se distinguen aquí las emisiones que provienen directamente de las operaciones que son propiedad y están bajo el control de la empresa, de aquellas que son generadas de manera indirecta al adquirir bienes y servicios externos.

En términos internacionales, países de Europa, Norteamérica y Japón, han incorporado ambos enfoque en su legislación, incentivando el uso de la huella de carbono como herramienta de gestión ambiental e información a los consumidores, de manera que éstos, en base a la información, direcciones sus conductas y consumo hacia productos bajo en emisiones de GEI. Algunos ejemplos de estas acciones son la Ley Grenelle II de Francia, que permitió informar a los consumidores, a través de un etiquetado ambiental, la huella de carbono de productos y sus embalajes. Bajo el lema “No se puede manejar aquello que se desconoce” en Alemania existe el Proyecto Product Carbon Foodprint (PCF) cuyo objetivo es medir la huella de carbono del ciclo de vida completo dentro de un universo de productos (15 productos en su fase piloto) mediante una metodología uniformada (ISO Bilanz – PAS 2050) por un período de 2 años para luego implementar etiquetados armonizados que permitan dar información precisa al consumidor. Un importante avance también se ha dado en Suecia donde varias cadenas de supermercados y restaurantes indican los kilogramos de dióxido de carbono que se emiten en la producción de los productos o platos ofrecidos

Probablemente las iniciativas anteriormente mencionadas, marcan la principal diferencia con alcance metodológico considerado en Chile. Nuestro país informa sus emisiones de gases de efecto invernadero de acuerdo a las directrices del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) y a partir del acuerdo alcanzado recientemente en Francia (COP 21), ha propuesto reducir sus emisiones de GEI en un 30% al 2030 en relación a las emisiones alcanzadas en el 2007. Esto último sin duda se traducirá en acciones más explícita sobre los sectores que aportan mayor cantidad de GEI, principalmente energía y agricultura. Sin embargo, no ha habido desarrollo importante en incorporar el concepto de huella de carbono en productos, de manera de fomentar el conocimiento en consumidores, y por lo tanto, incremental el consumo y la producción sustentable, bajo el enfoque de un indicador cuantitativo y de reconocimiento internacional. Si bien, se evidencia información en el mercado, por ejemplo automóviles que indican las emisiones de CO2 por kilómetro recorrido, iniciativas de este tipo vienen fomentadas por el mercado.

Si el indicador de Chile es muy bajo ¿a qué se debe?

El indicador en Chile no es bajo, eso depende de con quién nos comparemos y como observemos los indicadores. En términos de emisiones per cápita, el banco mundial estimó para el 2011 una huella de carbono de 4,6 t CO2 eq/habitante/año para Chile. Sin duda indicador bajo si lo comparamos con Estados Unidos (17 t CO2 eq/habitante/año). Sin embargo, cuando nos comparamos con países de la región la brecha no es amplia, sino lo contrario. Tenemos igual emisión per cápita que Argentina, el doble que Brasil (2,2 t CO2 eq/habitante/año), casi el triple que Bolivia (1,6 t CO2 eq/habitante/año) y mayor que la mayoría de los países de Latinoamérica (Perú: 1,8 t CO2 eq/habitante/año; Ecuador: 2,4 t CO2 eq/habitante/año; Uruguay: 2,3 t CO2 eq/habitante/año; Paraguay: 0,8 t CO2 eq/habitante/año).

La mayor preocupación debería estar centrada en no incrementar este indicador. De acuerdo al Plan de Acción Nacional de Cambio Climático 2008-2012 de Chile, la huella de carbono era de 3,9 t CO2 eq/habitante/año, indicador que ha ido en aumento. Se espera que los compromisos de Chile en la COP 21, permitan disminuir las emisiones país, disminuyendo nuestra huella de carbono individual.

¿Cuál es su recomendación para reducir esta brecha?

Incremento de energías renovables en la matriz energética de Chile, incremento y protección del bosque nativo, motivar eficiencia energética en sector industrial y residencial, educar a la población, y avanzar hacia el etiquetado de huella de carbono de productos en el retail de Chile mediante exigencias normativas.

¿Cómo lo han hecho otros países para lograr que este tema sea masivo?

Creo que lo comenté anteriormente, mediante la incorporación de información ambiental en productos, para la toma de decisiones con criterio ambiental por parte de los consumidores. Esto de la mano con educación e información ambiental.

¿Internacionalmente medir este indicador posiciona mejor a las empresas?

Sin duda, de hecho muchas empresas chilenas que exportan, se han sometido a certificaciones internacionales para cuantificar la huella de carbono de sus productos. Los mercados y consumidores a nivel internacional están exigiendo este indicador como una herramienta diferenciadora. Por ejemplo Estados Unidos considera aplicar aranceles diferenciados según las emisiones de carbono de los productos importados. Debido a esto, y los ejemplos mencionados de Francia, Alemania, entre otros, la industria nacional tendrá como desafío disminuir la huella de carbono de sus productos para competir en mercados cada vez más conscientes de la problemática del calentamiento global y cambio climático.