No todo es un libro o un cuaderno, se puede ir más allá y con las ganas de desarrollar algo se puede lograr. Estas fueron algunas de las reflexiones de los estudiantes del primero medio del Colegio Técnico Nocedal luego de haber aplicado los contenidos de matemáticas y tecnología en el desarrollo de un cultivo de maíz en un invernadero.

Todo comenzó cuando el colegio se dio cuenta sobre las pocas instancias que los estudiantes tenían para aplicar lo aprendido en la asignatura de matemática en su vida cotidiana. Por esta razón, el establecimiento vio en el Aprendizaje Basado en Proyectos una buena oportunidad para cambiar esa realidad. Los docentes tuvieron la oportunidad de conocer esta metodología en el Laboratorio de Innovaciones Escolares en Red – Red Lab Sur, organizado por Fundación Chile.

En concreto, los estudiantes trabajan con un cultivo controlado de maíz que fue sembrado en almácigo para controlar el proceso de germinación. Tuvieron que desmalezar, cambiar los marcos, arreglar los pastelones de los pasillos, poner el nylon que cubre el invernadero, etc.

Posteriormente, los profesores les entregaron a los alumnos un cuadernillo de trabajo con problemas matemáticos que les permitía desarrollar proyecciones productivas de comercialización del maíz. “Así pudieron comprender que las matemáticas eran necesarias para desenvolverse en la vida cotidiana”, explica Francisca Petrovich, coordinadora de Red Lab Sur.

El Aprendizaje Basado en Proyectos fue aplicado con el fin de involucrar a los estudiantes en su propio aprendizaje al presentarles desafíos concretos que les permitieran tomar decisiones, resolver problemas y generar productos. Además, se busca fomentar el desarrollo de habilidades como el autoaprendizaje, el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad de comunicación y el trabajo en equipo.

Rápidamente se hizo evidente la dificultad para evaluar los aprendizajes con instrumentos tradicionales, como una prueba escrita. “Ese era el desafío, que los chiquillos aprendieran, pero que fuera un aprendizaje más significativo para ellos, no para la nota, porque la nota no refleja a veces los aprendizajes”, explica Patricio Acuña, docente encargado de este proyecto.

Pese a esto, el ánimo de docentes y alumnos cambió cuando los primeros cultivos comenzaron a salir. “Al ver que lo que hacíamos tenía un producto, también podemos saber que al ir a la universidad, por ejemplo, podemos sacar una carrera y obtener frutos de eso”, reflexiona un estudiante.

Como parte del seguimiento que hizo Red-Lab Sur a los proyectos participantes, los involucrados en el proyecto debían llevar una bitácora donde registraban los pasos que daban, las dificultades, aprendizajes y reflexiones. “La idea de la bitácora es que sirviera no sólo para verificar el desarrollo de la metodología, sino que también para fomentar una cultura reflexiva en la comunidad escolar. Esto ayuda a los participantes a internalizar el conocimiento. Así lo aprendido pudiera ser aplicado en otras instancias más allá de la propia iniciativa”, explica Francisca Petrovich, coordinadora de Red-Lab Sur.