1.Los productos hechos de más de un tipo de material no se pueden reciclar

Según fuentes de National Geographic, cuando el reciclaje despegó hace unas décadas, la tecnología era mucho más limitada que hoy en día. No se podían reciclar artículos complejos o compuestos por diferentes tipos de materiales, como las cajas de jugo o leche y los juguetes.

Ahora, más del 60 por ciento de los hogares estadounidenses tienen acceso al reciclaje de cartón, gracias al uso de máquinas que pueden descomponer estos artículos en los materiales que los componen. Gracias en parte a la demanda de los consumidores, los fabricantes de productos han trabajado de forma constante para crear envases que sean más fáciles de reciclar. Si te frustra un objeto en particular, llama al fabricante para exponer tu caso.

Cada vez más recicladores son capaces de hacer frente a los plásticos «más indeseables», como las bolsas de la compra u objetos hechos de resinas desconocidas o mixtas, como las que componen muchos juguetes y artículos del hogar. Esto no significa que puedas tirar todo lo que quieras a un contenedor de reciclaje, pero sí significa que se puede reciclar una gama más amplia de productos que antes.

2.Los objetos solo se pueden reciclar una vez, entonces ¿para qué molestarse?

De hecho, muchos artículos pueden reciclarse varias veces, lo que conlleva ahorros importantes de energía y recursos naturales.

Vidrios y metales, entre ellos el aluminio, pueden reciclarse indefinidamente sin perder su calidad. De hecho, las latas de aluminio han demostrado constantemente tener el valor más alto entre las materias primas recicladas y su demanda sigue siendo alta.

Es cierto que las diminutas fibras que componen el papel se dañan un poco más cada vez que se recicla. Sin embargo, la calidad del papel elaborado a partir de contenido reciclado ha mejorado drásticamente en los últimos años. El papel de impresora virgen puede reciclarse de cinco a siete veces antes de que las fibras se degraden demasiado como para ser útiles como nuevo papel. Después, todavía pueden convertirse en materiales a base de papel de baja calidad, como hueveras de cartón o etiquetas de paquetes.

Normalmente, el plástico solo puede reciclarse una o dos veces para formar un nuevo producto de plástico. Muchas veces será algo que no tenga que contener alimentos o cumplir exigencias de fuerza estrictas, como los artículos del hogar ligeros. Eso se debe a que los polímeros se descomponen en el proceso de reciclaje. Sin embargo, los ingenieros siempre buscan nuevos usos derivados, como elaborar «madera» de plástico polivalente para plataformas o bancos, o mezclar plásticos con asfalto para crear materiales de carreteras más duraderos.

3.La calidad de los productos reciclados es peor

A los productos y materiales reciclados se les suele mirar de reojo o con cierto reparo. ¿Por qué? Porque se cree, erróneamente, que al ser reutilizados tienen una calidad inferior a la de los productos nuevos. ¡Falso! Materiales como el vidrio, el aluminio y muchos plásticos soportan varios ciclos de uso sin que esto suponga una disminución de su calidad.

Además, recuerda que una de las reglas esenciales del reciclaje es dar una segunda (o incluso una tercera) oportunidad, pero sólo a aquellos productos o materiales que lo merecen. Si definitivamente no lo merecen, ¿para qué reciclarlos?.

4.Contamina más reciclar que producir productos nuevos

La extracción de materias primas de la naturaleza para la creación de nuevos productos supone mayor coste ambiental que el reciclaje de los mismos. De hecho, sin importar si lo realizarás con papel, vidrio, plástico, metales u otros tantos materiales, el reciclaje junto con el uso de energías renovables permite una mejor eficiencia energética y, como consecuencia, una disminución de contaminación, aspecto que beneficia a todos y al entorno.

El reciclaje de materias primas permite un ahorro energético importante en el área industrial, debido a que la mayoría de la energía que se consume es para extraer y producir materias primas y, más tarde, elaborar productos. Entonces, por ejemplo, si utilizamos aluminio reciclado sólo gastamos el 5% de lo que realmente se consumiría si fuera extraído de una mina (95% de ahorro) o si optáramos por una tonelada de papel reciclado se reduciría el consumo de 4.200 kWh de electricidad.

El daño al medio ambiente es mucho mayor si se tiene que producir un material completamente desde cero que si se establece un sistema de reciclaje, puesto que reciclando se ahorra agua, energía y materia prima. Por ejemplo, fabricar una lata con metal reciclado reduce un 95 % de energía; y en el caso del papel supone un ahorro del 62 % de energía y del 86 % de agua.

Frente al modelo de consumo lineal, que genera un gasto continuo de recursos, existe la economía circular, que mediante la reutilización y el reciclaje supone un ahorro en los procesos de producción y la reducción del consumo energético y materias primas. Según la Comisión Europea, la prevención de residuos, el diseño ecológico, la reutilización y otras medidas significarían un ahorro equivalente al 8 % del volumen de negocios anual de las empresas de la Unión Europea, aunque para ello hay que superar una serie de obstáculos como unas políticas demasiado restrictivas o complejas, fomentar un mayor conocimiento y una mentalidad de reducir, reutilizar y reciclar por parte de los consumidores, empresas y gobiernos.