Lograr el bienestar humano y erradicar la pobreza, la cual que se espera que alcance los ocho mil quinientos millones personas para 2030, todavía es posible. Pero sólo si hay un cambio fundamental y urgente en la relación de las personas con la naturaleza, al igual que una reducción significativa de las desigualdades sociales y de género entre los países, tanto de forma interna como externa.

Todo esto esto fue abordado en el nuevo Informe Global de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, solicitado por todos los países para evaluar el progreso en la Agenda 2030, es el primero de su tipo desde que se adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) hace cuatro años. Titulado “El futuro es ahora: ciencia para lograr el desarrollo sostenible”, el documento encuentra que el modelo de desarrollo actual no es sostenible, y el progreso realizado en las últimas dos décadas está en peligro de ser revertido a través del empeoramiento de las desigualdades sociales y las disminuciones potencialmente irreversibles en el entorno natural que nos sostiene. Los científicos que desarrollaron este reporte concluyeron que todavía se puede lograr un futuro mucho más optimista, pero solo cambiando drásticamente las políticas, incentivos y acciones de desarrollo.

El informe argumenta que comprender las interconexiones entre los ODS individuales y los sistemas concretos que definen la sociedad actual será esencial para diseñar políticas que gestionen las compensaciones difíciles.

Una necesidad por transformar

Crear crecimiento económico simplemente al aumentar el consumo de bienes materiales ya no es una opción viable a nivel global: las proyecciones indican que el uso global de materiales se duplicará entre 2017 y 2060, de 89 gigatones a 167 gigatones, con niveles correspondientemente incrementados por emisiones de gases de efecto invernadero y otros efectos tóxicos como los de la minería y otras fuentes de contaminación.

El modelo actual de desarrollo ha brindado prosperidad a cientos de millones. Pero también ha llevado a la pobreza continua y otras privaciones; niveles de desigualdad sin precedentes que socavan la innovación, la cohesión social y el crecimiento económico sostenible; y ha acercado al mundo a puntos de inflexión con el sistema climático global y la pérdida de biodiversidad. Para cambiar de rumbo, los científicos dicen que el mundo debe transformar una serie de áreas clave de las actividades humanas, incluyendo los alimentos, la energía, el consumo, la producción y las ciudades.

Estas transformaciones pueden producirse a través de la acción coordinada de gobiernos, empresas, comunidades, sociedad civil e individuos. La ciencia tiene un papel particularmente importante que desempeñar, un papel que puede fortalecerse aún más mediante el aumento de la inversión en ciencia para la sostenibilidad y en instituciones de ciencias tanto naturales como sociales con sede en países en desarrollo.

El informe enfatiza que lograr los ODS requiere fundamentalmente desacoplar el crecimiento económico de la degradación ambiental, al mismo tiempo que se reducen las desigualdades sociales y de género en la riqueza, los ingresos y el acceso a las oportunidades.

Como no todos los países están comenzando desde el mismo lugar, los científicos dicen que se seguirán necesitando niveles más altos de crecimiento en los países más pobres, para garantizar servicios sociales e infraestructura de calidad, enfatizando que crecer primero y limpiar más tarde no es una opción. El informe también destaca la necesidad de un mayor acceso a tecnologías y conocimientos apropiados. Los países desarrollados deben cambiar sus patrones de producción y consumo, incluso limitando el uso de combustibles fósiles y plásticos, y alentar las inversiones públicas y privadas que se alinean con los ODS.

Los científicos sugieren que la ONU podría promover una nueva etiqueta de inversión en desarrollo sostenible, con parámetros y pautas claras, para alentar y recompensar la inversión en industrias y mercados financieros que promuevan el desarrollo sostenible, desalentando la inversión en aquellos que no lo hacen.

La amplia transformación que se necesita no será fácil, y el informe sugiere que se necesita un profundo conocimiento científico para anticipar y mitigar las tensiones y las compensaciones inherentes a un cambio estructural generalizado. Por ejemplo, aquellos que pierden empleos en el cambio de los combustibles fósiles y otras industrias en desacuerdo con un futuro sostenible deben ser apoyados hacia medios de vida alternativos.

Los autores enfatizan que se requerirá una fuerte voluntad política y compromiso para realizar las transformaciones necesarias, que no hay soluciones únicas para todos, y que las intervenciones en los países desarrollados serán muy diferentes de las de los países en desarrollo.

Un llamado a la acción: 20 intervenciones que serán importantes

El llamado a la acción del informe identifica 20 puntos donde las intervenciones pueden crear un progreso transformador y acelerado hacia múltiples objetivos y metas en la próxima década. Estas acciones se basan en la literatura científica reciente que analiza las interconexiones sistémicas más profundas, que identifican sinergias y compensaciones entre objetivos y metas individuales.

El informe aboga por el acceso universal a servicios básicos de calidad (salud, educación, infraestructura de agua y saneamiento, vivienda y protección social) como requisito previo para la eliminación de la pobreza y los avances en el bienestar humano, con especial atención a las personas con discapacidad y otros grupos vulnerables. El informe pide una atención renovada para poner fin a la discriminación legal y social, y un fortalecimiento de los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, los grupos de mujeres y otras organizaciones comunitarias, y considera que todas ellas son socios importantes en los esfuerzos para implementar la Agenda 2030.

Los autores identifican los sistemas de alimentos y energía como escenarios particularmente importantes para el cambio, ya que estos sistemas, tal como funcionan actualmente, están llevando al mundo hacia puntos de inflexión ambiental, pero también son áreas críticas para la salud y el bienestar humanos.

El sistema alimentario debe sufrir cambios generalizados en la infraestructura, las normas culturales y sociales y las políticas que respaldan el statu quo actual e insostenible. En la actualidad, aproximadamente 2 mil millones de personas sufren inseguridad alimentaria y 820 millones de personas están desnutridas. Al mismo tiempo, las tasas de sobrepeso están creciendo en casi todas las regiones del mundo, con cifras globales que alcanzan los 2 mil millones de adultos con sobrepeso y 40 millones de niños menores de cinco años.

Para los países en desarrollo, se necesitan pisos de protección social más fuertes para garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición. Los países deben reducir el impacto ambiental de sus sistemas de producción de alimentos, considerando toda la cadena de valor, reduciendo el desperdicio de alimentos y la dependencia de las fuentes de proteínas de origen animal. Tanto los países en desarrollo como los desarrollados deben prestar más atención a la desnutrición en todas sus formas, incluido el número cada vez mayor de personas con sobrepeso.

El sistema energético también debe transformarse para cerrar la brecha de acceso a la energía. Cerca de mil millones de personas carecen de acceso a la electricidad, principalmente en el África subsahariana, y más de 3.000 millones de personas dependen de combustibles sólidos contaminantes para cocinar, lo que causa un estimado de 3.8 millones de muertes prematuras cada año. Estas brechas deben abordarse, al tiempo que aumentan la eficiencia energética y eliminan gradualmente la generación de energía basada en fósiles sin captura y almacenamiento de carbono, de modo que la economía mundial se descarbonice, de acuerdo con las aspiraciones del acuerdo de París.

La cantidad de energía renovable moderna en el suministro total de energía global ha aumentado en un promedio de 5,4 por ciento anual durante la última década. Mientras tanto, desde 2009, el precio de la electricidad renovable se redujo en un 77 por ciento para la energía solar fotovoltaica y en un 38 por ciento para la energía eólica terrestre, y durante cinco años seguidos, las inversiones mundiales en energía limpia han superado los US $300 mil millones anuales.

Sin embargo, el crecimiento adicional se ha visto obstaculizado por los subsidios directos e indirectos a los combustibles fósiles, que continúan distrayendo sus verdaderos costos económicos, de salud y ambientales.

Con dos tercios de la población mundial proyectada para vivir en ciudades para 2050, el informe revela que lograr la Agenda 2030 requerirá ciudades más compactas y eficientes que estén mejor atendidas por transporte público de calidad y otra infraestructura, servicios sociales y una economía que brinde medios de vida dignos y sostenibles, incluidos los habilitados por la tecnología y las industrias basadas en la naturaleza. Las asociaciones y redes entre ciudades pares pueden ayudar a los líderes municipales a desarrollar buenas prácticas y una gran cantidad de experiencia, al igual que invertir en la construcción de una “ciencia de las ciudades”.

Los científicos enfatizaron que los bienes comunes ambientales globales, como la atmósfera, las selvas tropicales y los océanos, deben protegerse como fuentes cruciales de servicios ecosistémicos y recursos naturales. Los gobiernos, las comunidades locales, el sector privado y los actores internacionales deben trabajar juntos para conservar, restaurar y utilizar de manera sostenible los recursos naturales. La evaluación precisa de los activos ambientales como un primer paso crítico, y su valor debe reflejarse a través de los precios, las transferencias, la regulación y otros instrumentos económicos.

Decisiones basadas en ciencia

La ciencia debe desempeñar un papel importante en el avance del desarrollo sostenible. Las universidades, los formuladores de políticas y los financiadores de investigación deben aumentar el apoyo a la investigación guiada por la Agenda 2030. Simultáneamente, los investigadores en ciencias de la sostenibilidad y otras disciplinas deben trabajar juntos para resolver problemas de desarrollo y fortalecer la interfaz ciencia-política-sociedad, proporcionando a la sociedad y a los responsables políticos información que pueden utilizar para resolver problemas de desarrollo.

El informe presenta argumentos para cambiar las prioridades actuales de investigación y apoyar enfoques innovadores para la ciencia sostenible, enfatizando las asociaciones interdisciplinarias, comprometiendo apoyo y recursos a las instituciones científicas, particularmente en el sur global. Los presupuestos de ayuda al desarrollo deberían priorizar el aumento de la capacidad científica y el acceso en el sur global. Los Estados miembros de la ONU, los consorcios de investigación y las bibliotecas deberían trabajar juntos para mejorar las colaboraciones transfronterizas e interdisciplinarias en ciencia para los ODS.

Para leer el informe completo, haz click aquí