En esta ocasión se debatió sobre Salud Mental y Legislación, temática de gran relevancia  al ser un problema que está potenciando, considerando los efectos adversos que la pandemia ha tenido sobre el deterioro de la salud mental de población chilena.

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A un año y cuatro meses del primer contagio de COVID-19 registrado en el país,  estudios de la Organización Mundial de la Salud OMS, sitúan a Chile entre los países con mayor carga de morbilidad por enfermedades psiquiátricas (23,2%) en el mundo, siendo así, Pacto Global quiso priorizar sobre esta problemática que se presenta como una amenaza para el bienestar de las personas.

Inicialmente, Margarita Ducci, directora ejecutiva de Pacto Global Chile, intervino: “tanto el sector público como al sector privado deben hacer un trabajo conjunto para enfrentar esta doble pandemia que está ocasionando muchos problemas debido al confinamiento, las sobrecargas laborales que se suman a la desconexión  de los equipos esto ha afectado especialmente a las mujeres por las fuertes demandas del hogar, el cuidado de los hijos o adultos mayores a cargo”.

Además afirmó: “en mayo se publicó la ley 21331 del reconocimiento y protección de los derechos de las personas en la atención de salud mental, esta es considerada por algunos expertos como un primer paso en el desarrollo de la legislación para que la reconozcan y la promuevan como un derecho

Es así como se abrió un espacio para el dialogo directo, en el que Paula Repetto Psicóloga e investigadora de la Pontificia Universidad Católica de Chile entró a detallar: “la salud mental está íntimamente relacionada con la salud física; no hay salud física sin  salud mental. Por lo tanto es necesario priorizarla para que haya bienestar y productividad, es así como se estima que por cada peso que se invierte en prevención temprana de problemáticas de salud mental hay un retorno de $ 7 pesos o más en retribución económica”.

Además dijo: “en Chile las personas tardan alrededor de 10 años para iniciar un tratamiento  de detección, generalmente cuando aparecen los síntomas son atribuidos a otros factores como la pandemia, tomando decisiones que retrasan la oportunidad de recibir ayuda. Esto evidencia las brechas tan importante que tenemos en el acceso a tratamientos que podrían ser escalonados y quizás preventivos. En la vida laboral esto produce alta carga porque incrementa el porcentaje de licencias médicas asociadas a episodios depresivos o ansiosos”.

Repetto también habló de los factores a considerar para cuidar de la salud mental frente a un posible retorno laboral, explicando: “es necesario anticipar medidas que promuevan la sensación de seguridad frente a eventos que afecten el bienestar de las personas para esto debe socializar los protocolos, resolviendo dudas y entregando los implementos correspondientes, además, debe promover la calma generando una sensación de eficacia comunitaria que fortalezca la conexión y los vínculos con otros lo que aumentará la percepción de que las cosas van a mejorar y que hay esperanza”.

De esta forma se dio paso al panel de conversación  que estuvo moderado por Álvaro Jiménez, Psicólogo y Doctor en Sociología e investigador de la Universidad Diego Portales quien destacó: “es importante que estemos hablando de este tema  en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pues en los últimos años y en especial en tiempos de pandemia se ratifica el hecho de que la salud mental es algo colectivo que afecta  todas las realidades,  por lo cual deja de ser una responsabilidad solo del estado que traspasa a otras esferas en la que las empresas tienen mucho por hacer y por aportar desde una perspectiva social y de salud pública”.

Para abordar el panorama internacional escuchamos a Zhora Abaakouk, Consultora de enfermedades no Transmisibles y Salud mental de la Organización Panamericana de la Salud OPS y la Organización Mundial de la Salud OMS, ella expresó: “Los trastornos mentales más comunes son la depresión y la ansiedad los cuales frecuentemente pueden llevar al suicidio y esto afecta más a mujeres que a hombres, encontramos que el 15% de las mujeres en países industrializados y el 20% de las mujeres en países en vía de desarrollo se ven afectadas por algún tipo de patología de este tipo. Siendo así se puede afirmar que las personas que padecen estos trastornos mueren prematuramente entre 10 y 20 años antes que la población general”.

Continuando con una mirada local desde sector Público, intervino Cynthia Zabala, Jefa del Departamento de Salud Mental del Ministerio de salud, quien expuso: “en nuestro país vivimos condiciones de incertidumbre social desde antes del covid-19, esto fue producto del estallido social, por lo tanto el primer elemento a considerar no es solo la intensidad del factor de estrés que afecta la salud sino también el tiempo durante el cual hay que sostenerlo, lo cual le da un sello de particularidad a la situación por la que está travesando la población chilena. Entonces desde el punto de vista de la política pública se ha aumentado la promoción y la prevención con estrategias intersectoriales que aumentan las redes de apoyo psicosocial y de educación para el auto cuidado”.

Después participó, Daniela Campos, Jefa técnica del Departamento de Riesgos Psicosociales de la Asociación Seguridad ACHS, quien mostró algunos resultados del estudio llamado Termómetro  de Salud Mental  que fue realizado por esta institución junto a la Universidad Católica: “encontramos que 1 de cada 3 personas presenta síntomas significativos referentes a algún problema de salud mental.  Algo que detona los síntomas es el confinamiento, además hay factores que lo hacen aún más estresante como las cuarentenas, el aburrimiento y la pérdida financiera, esto también se relaciona con sintomatología asociada a trastornos del sueño con 47% de la población afectada”.

Finalmente,  se hizo un llamado generalizado a proteger la salud mental, pues los efectos negativos de obviar estos problemas traen consecuencias adversas para la sociedad y quienes los padecen. Se espera seguir avanzando en la implementación de medidas que sigan abordando esta problemática desde las diferentes dimensiones y contextos influyentes en el buen funcionamiento de la salud mental de los chilenos y chilenas.